El Messenger: todo en uno, todos para uno y uno para todos.
Los mensajeros representan una tendencia general en las herramientas tecnológicas de comunicación e información: la convergencia. Los sistemas de Comunicación Mediada por Computadora han pasado, técnicamente, de ser sistemas centralizados (un servidor al cual se conectaban diversas personas y que tenía en su interior un programa que posibilitaba la interacción) como los BBS o el IRC, a sistemas más dinámicos y polifuncionales, iniciando con el ICQ (cuya falla principal, a mi parecer, fue el requerir no sólo un software instalado en un ordenador sino que dicho programa contuviera toda la información y se centralizara, lo que hacía imposible su utilización desde otro ordenador) y llegando a los mensajeros de Yahoo, AOL y Hotmail (y claro, las versiones desarrollas para sistemas operativos como el MacOS o Linux). Estos sistemas de Mensajería Instantánea (IM por sus siglas en inglés) combinan funciones tanto sincrónicas (chat) como asincrónicas (conexión directa al correo de su respectiva compañía), pero además, incorporan elementos audiovisuales que dan una dimensión diferente a la interacción: fotos, perfiles, juegos, navegación conjunta, intercambio de archivos, personalización, “emotíconos”, voz y video. Hablando específicamente del Messenger de Hotmail, que es el que he estado observando, incluso incorpora una novedad en su última versión: los “spaces” (una especie de blog con recursos para poner fotografías, listas de música, ligas y comentarios) y que hacen que el Messenger de Hotmail se convierta también en una especie de agenda de vínculos o, más aún, en una red de editores (que a su vez remiten a otros en sus páginas y eso continúa la expansión del sistema). Al respecto, un primer asunto importante es la astucia con que Microsoft (compañía dueña de ambos sistemas) ha entendido esta tendencia y ha logrado que prácticamente todo usuario de Internet tenga una cuenta en Hotmail y que al utilizar el Messenger esté al mismo tiempo generando su propio espacio, que queda a merced de las incursiones publicitarias que se incorporan como menú en una barra a la izquierda. A diferencia de los sistemas anteriormente citados, en donde el “dueño” del BBS podía ser prácticamente cualquier persona con un ordenador conectado a Internet (pero que a la vez estaban más controlados por dicha persona u otras con mayores privilegios), el Messenger no tiene “dueño” y sin embargo Microsoft, como empresa, está dentro del diseño y por lo tanto determinando de alguna manera su uso. De esta manera, se ha ganado una cierta “libertad”, al menos en que cada quien puede utilizar su mensajero como quiera, pero a la vez se pierde toda posibilidad de diversidad y se “estandariza la comunicación” (habría que revisar la tendencia de Linux al respecto).
Ahora bien, los mensajeros toman como referencia a sus predecesores e incorporan los elementos más representativos de ellos, por ejemplo, incorporan todos los elementos visuales de los sistemas de CMC en la web, pero en un sistema controlado por cada usuario, es decir, cada persona “escoge” o “invita” a su grupo de personas, a diferencia de los sistemas anteriores como el BBS, en donde las personas se reunían en torno a temáticas o foros. En los mensajeros, en cambio, las temáticas y las personas giran en torno al usuario del sistema, lo que le da mayor control y a la vez lo hace sentir más “entre amigos”. Así, en un solo espacio reúne lo que anteriormente requería varios (chats, correos electrónicos, servidores ftp, etc.).
La presentación de cada persona sigue siendo fundamental y se continúa la tradición de los nicks (cfr. Bechar, 1996). Sin embargo, al requerirse la dirección de correo electrónico como dato sine qua non de entrada para un contacto a la lista personal, se pierde uno de los elementos más atractivos de los sistemas antiguos, a saber, el anonimato. Y aunque, a diferencia de los sistemas antiguos, el nombre aquí puede variar con cada entrada al sistema, al estar dentro de una lista de alguien siempre habrá un control de qué persona es la que se encuentra en línea (incluso más, el sistema tiene un control de pertenencia a la lista de otras personas, de manera que se puede decidir a priori si se da permisos de entrada a la lista a cualquiera o no). Ahora bien, la cuestión de la identidad, aunque se restringe a la personal, se enriquece con el uso de frases (que pueden variar incluso con cada entrada al sistema o cada vez que se decida así) y con la posibilidad de mostrar una imagen (que aunque en la mayoría de los casos es una foto de la persona, en otros es una imagen predefinida por el programa y en muchos otros es una imagen que represente algo para dicha persona), llegando incluso al uso de la webcam y el intercambio de voz.
El aprendizaje en el uso del sistema se da en forma de una “academia red” (cfr. Himanen, 2001), ya que dentro de la misma interacción se suceden acciones que, al no conocerlas la persona que las presencia, pide (¿exige?) que la persona que las llevó a cabo le enseñe cómo hacerlo. De esta forma, parece ser una especie de “imperativo social” el que una persona enseñe a ejecutar una acción a otra cuando la primera la ha aprendido y utilizado frente a la segunda, sobre todo cuando ésta “presume” de saber algo que la otra todavía no sabe.
El Messenger parece coincidir con un “horario de oficina”. Así, la mayor parte de las personas que tengo en mi lista se conectan en ese horario y, a la vez, varias señalan tener la misma tendencia en sus propias listas, lo que puede deberse a que la mayoría de los contactos tiene acceso desde el trabajo, aunque muchas personas apuntan conectarse cuando están en casa. En todo caso, lo que sí parece claro es que la distinción entre tiempos de ocio y de trabajo se difumina, siendo la distinción importante si la persona está “conectada/no conectada”. En la lista hay personas diversas, desde compañeros de trabajo hasta amigos, pasando por familiares y conocidos; lo interesante es que el mismo sistema preconfigura 3 posibles grupos de personas: amigos, familiares, compañeros de trabajo, de manera que cada persona puede personificar sus propios grupos. De esta manera, aun dentro de un amplio grupo de personas, se establecen separaciones de carácter social. Así mismo, las separaciones se pueden establecer en general con los “estados” (en línea, ocupado, ausente, al teléfono, vuelvo enseguida, salí a comer y desconectado). Ahora bien, parece haber cuatro tipos de conversaciones que se pueden realizar a través del mensajero (al menos en su fase inicial): aquéllas que están dirigidas a un objetivo específico (que suelen ser las de trabajo, aunque no siempre); las que buscan un objetivo general (por ejemplo, hacer una pregunta sobre algún tema pendiente, sobre una tercera persona o acerca de la salud de alguno de los participantes en la conversación, también transmitir alguna información que por otro lado podría obtenerse igualmente, comentar una noticia, etc., y que pueden desarrollarse hasta una conversación más personal); las conversaciones que llamaré de “mantenimiento”, es decir, conversaciones que consisten sólo en un saludo y/o en un icono gestual, el envío de una fotografía o una animación y que en principio buscan sólo llamar la atención de la persona a la que le son enviados (en principio es sólo una forma de saber si pueden iniciar una conversación o si no es el momento adecuado), resultando, por lo general, intercambios muy cortos, como un pequeño descanso de las actividades que se estén realizando en determinado momento. Por último, están las conversaciones que más que centrarse en un objetivo o tema particular buscan establecer el nexo con determinada persona (por ejemplo, conversaciones entre una pareja sentimental, entre amigos entrañables, entre familiares y que suelen ser las conversaciones más largas, tanto en tiempo como en número de líneas).
El mensajero es, de esta forma, una compilación de varios elementos usados, en y para el Internet, que se convierte en pieza fundamental, es decir, en EL SISTEMA de CMC, pero además se moldea de diversas maneras, como una herramienta de trabajo, un espacio de diversión, una forma de control, un espacio para la socialización, etc. Pareciera ser que el Messenger es en principio un elemento más del ecosistema tecno-comunicacional (como el teléfono o el móvil), una herramienta de comunicación muy potente (por los dispositivos que reúne). Sin embargo, y llevándolo un paso más allá, me parece que el Messenger se ha convertido en una herramienta de “pertenencia social”, un dispositivo de tecno-presencia y de existencia real en el ciberespacio. La mayoría de las personas que utilizan el Messenger tiene una conexión automática al Messenger apenas se enciende la computadora (acción que viene por default en el sistema) y que esto genera una especie de “tranquilidad” ya que uno entra en “existencia” por la posibilidad de interactuar. Por otro lado, el no tener esa conexión redunda en una especie de agobio por no poder comunicarse con las personas y poder perderse alguna noticia importante. Esta sensación se acentúa con personas (como es mi caso) que, de tener una red de amistades tanto físicas como “virtuales”, debido al desplazamiento geográfico pasan a tener sólo contacto con ellas a través de Internet. Esta “necesidad” constante de “estar en línea” para poder “existir”, se ve además secundada por el hecho de que cada vez hay más actividades, tanto de ocio como de trabajo, personales y sociales que dependen, o que al menos pasan por, el uso del Messenger: el correo electrónico, la transmisión de archivos, el intercambio de fotos o incluso el conocer los estados de ánimo de las personas que están conectadas, como una especie de “noticias diarias” sobre las personas de la lista. Por ejemplo, el leer los Nicks de la lista del Messenger porque luego así se puede saber cómo están las personas por las frases que ponen de inicio.
Dada la característica del Messenger de ser un software que, instalado en cualquier computadora, puede ser “apropiado” por cada usuario que la use, las personas de repente suelen conectarse a su cuenta cuando están en una computadora con conexión a Internet, “casi siempre” se conectan al Messenger para ver quién está en línea o si tienen nuevos correos o para saludar a alguien.